La Prensa Libre

Los ‘chicanos’ y la búsqueda de identidad

Los ‘chicanos’ y la búsqueda de identidad

Los ‘chicanos’ y la búsqueda de identidad
septiembre 19
00:00 2019

LOS ÁNGELES — Joe Rodríguez era un adolescente cuando adoptó por primera vez el calificativo ofensivo. Durante años, los mexicano-estadounidenses de bajo status social como él fueron llamados chicanos.

En marzo de 1968, el estudiante de segundo año de preparatoria, a sus 15 años de edad, se unió a cientos de otros compañeros de Garfield High School en una protesta contra la discriminación y la igualdad de condiciones en las escuelas de Los Ángeles en lo que llegó a conocerse como el “estallido chicano”.

Pronto, Rodríguez, un mexicano-estadounidense de cuarta generación, declaró: “Soy chicano”.

Hoy, sin embargo, muchos de los hijos y nietos de aquellos que marcharon hace medio siglo se encuentran en un debate en torno al papel de palabras como “chicano” en la lucha por sus derechos en la era de Donald Trump.

El clamor empezó en marzo, cuando líderes de MEChA (Movimiento Estudiantil Chicano de Aztlán, fundado como un grupo estudiantil mexicano-estadounidense nacional después del estallido) votó 29 a tres por borrar todo rastro de la palabra “chicano”.

También apoyaron eliminar “Aztlán”, el nombre del mítico hogar ancestral de los aztecas en lo que ahora es el suroeste de los Estados Unidos.

Los partidarios del cambio dijeron que las dos palabras se centraban demasiado en lo mexicano y excluían a la población LGBTQ, a los latinos no mexicanos, a los pueblos indígenas y a otros grupos. En una declaración días después, el grupo usó términos neutrales en género como “Mestizx” (por mestizo), lo que reflejó en qué medida había evolucionado la organización.

“Como están las cosas, los miembros MEChist que no son mexicano estadounidenses a menudo son víctimas de xenofobia por parte de MEChistxs chicanx, y los MEChistxs indígenas y afroamericanos a menudo son sometidos a violencia contra los indígenas y afroamericanos por parte de MEChistxa mestizx chicanx”, señaló la declaración.

La votación inspiró un fiero debate en redes sociales, pero, en cierta forma, no fue una sorpresa.

A fines de los años 60, el movimiento de derechos civiles latino fue avivado mayormente por los hijos nacidos en los Estados Unidos de inmigrantes mexicanos.

MEChA estuvo al frente de la lucha, presionando por la creación de programas de estudios chicanos y étnicos en todo el país.

Aunque las personas de origen mexicano siguen conformando la mayoría de los latinos en los Estados Unidos, la inmigración desde ese país se ha desacelerado, según un análisis del Centro de Investigación Pew. Mientras tanto, ha aumentado el número de inmigrantes procedentes de El Salvador, Guatemala y Honduras.

El cambio de nombre no entrará en vigor hasta que los representantes de MEChA se reúnan de nuevo el año próximo para votar por una alternativa.

Pero, a los pocos días de la decisión, el capítulo de MEChA en San Diego State se separó del organismo nacional. En una declaración, el capítulo de UCLA anunció que también se separaba de la organización nacional y mantendría el “Chicanx” y el “Aztlán” en su nombre.

“Lo que sucedió es equivalente para mí como ir a una organización Black Lives Matter (Las Vidas de los Afroamericanos Importan) y quejarse de que son xenofóbicos y racistas porque no hablan sobre la vida de las personas morenas y que deberían cambiar su nombre a All Lives Matter (Todas las Vidas Importan)”, dijo Adrián Álvarez, de 56 años de edad, quien se unió a MEChA mientras estudiaba en UCLA en los años 80. Ahora es activista con Unión del Barrio, una organización defensora de los derechos humanos en San Diego.

Pero Julissa Ruiz Ramírez, estudiante de Cal State Stanislaus, dijo que el nombre original de la organización no refleja las experiencias y contribuciones de los activistas que no se identifican como “chicanos o chicanas o chicanx”.

“Creemos que es momento, 50 años después, de unirnos de nuevo para cambiar y transformar a MEChA”, dijo la veinteañera que es secretaria del capítulo de su escuela. “No cambiar cuál es nuestro propósito, cuál es nuestra visión, que es la verdadera liberación de nuestro pueblo de la opresión”.

MEChA no es la única organización latina que lidia con cambiar su nombre a la par de los tiempos.

Estudiantes de la Universidad de Columbia pidieron rebautizar su “Raza Grad” (Graduación de la Raza), una ceremonia que honra a los estudiantes de ascendencia latinoamericana, para que el nombre sea más inclusivo. En 2017, el Consejo Nacional de La Raza se convirtió en UnidosUS en un esfuerzo por atraer a los millennials, después de años de defenderse contra los críticos que censuraban el término “la raza”, que se refiere con más precisión a “el pueblo” que a una consideración étnica.

A lo largo de los años, muchos han acusado a MEChA, La Raza y sus organizaciones hermanas de ser contrarias a los blancos y dedicarse al separatismo racial.

Pero la razón para la creación de MEChA fue “asegurarnos de no perder esas conexiones” con la comunidad mexicana, dijo Irene Mónica Sánchez, de 36 años, profesora de Bard College en Los Ángeles, quien también da clases de estudios chicanos y latinos a nivel preparatoria.

Para Rudy Acuna, de 86 años y un profesor emérito de Cal State Northridge llamado a menudo “el padre de los estudios chicanos”, los estudiantes que votaron a favor del cambio de nombre tuvieron buenas intenciones, pero lo hicieron por ignorancia.

“El cambio de nombre … no se basa en la historia”, dijo, y argumentó que en sus primeros días, MEChA no eludía a la gente. “Nunca pensé que fuera ser excluyeren unirse a una organización chicana. … Nunca sentí que se tratara de no interactuar con otros grupos”.

MEChA surgió en un periodo turbulento.

En 1969, los estudiantes redactaron el manifiesto de la organización y declararon que MEChA sería la rama estudiantil del movimiento chicano, de manera que los mexicano-estadounidenses jóvenes pudieran ser ellos mismos, aprender su historia y adoptar su cultura.

Desilusionados por la Guerra de Vietnam y sintiéndose estancados en una subclase étnica permanente, los mexicano-estadounidenses de segunda y tercera generación siguieron el ejemplo de sus radicalizadas contrapartes blancas y afroamericanas en grupos como Students for a Democratic Society y el Black Panther Party.

En el verano de 1972, miembros de los Brown Berets (Boinas Cafés) —un grupo que surgió durante el movimiento chicano— fueron a la Isla Santa Catalina, plantaron una gran bandera mexicana en una torre y reclamaron el territorio, declarando que nunca se había rendido oficialmente ante los Estados Unidos después de la Guerra México-Estados Unidos.

Con el tiempo, se crearon cientos de capítulos de MEChA en preparatorias, colegios comunitarios y universidades. Miembros del grupo celebraban sus propias ceremonias de graduación y conferencias, y recaudaban dinero para ayudarse unos a otros a cumplir metas educativas.

Pero Luis González, un estudiante universitario de Cal State L.A. y MEChista, como se llama a los miembros del grupo, dijo que todas las generaciones son cuestionadas por las anteriores.

“Cuando estos activistas de la vieja escuela tenían nuestra edad, siento que sus padres o incluso sus mayores denunciaron su identidad como chicanos”, comentó el veinteañero.

Incluso en sus primeros días, MEChA no fue inmune a las críticas internas. Algunos miembros sentían que la organización no solo era excluyente sino sexista.

Vickie Castro, que se describe como “MEChista original” y líder de los paros de actividades en el este de L.A., se opone al cambio de nombre pero recuerda vívidamente que a las mujeres en la organización les asignaban tareas sexistas.

“Siempre estábamos trabajando detrás de bastidores”, dijo Castro, de 73 años, quien se convirtió en la segunda latina en ser elegida para el Consejo de Educación de Los Ángeles. “Siempre éramos las secretarias. Si había una fiesta, nosotras la organizábamos. Preparábamos los alimentos y escribimos las agendas”.

Unos 50 MEChistas actuales y de antaño, activistas y profesores asistieron recientemente a una reunión en Dr. Maya Angelou Community High Schol en el sur de L.A. para discutir el cambio de nombre. Antes de que terminara la reunión, hablaron de crear una sociedad de ex alumnos para fomentar el diálogo entre los miembros de MEChA actuales y anteriores. La mayoría de los que acudieron se opuso al cambio de nombre.

Entre ellos estaba Jocelyn Ruiz, de 22 años, actual presidenta de MEChA en UCLA.

Al separarse de la organización nacional, dijo, el capítulo de UCLA perderá una enorme red de apoyo. Aun así, afirmó, volverse autónomos e independientes permitirá a los miembros “recuperar el poder en nuestro campus para asegurarnos de que estamos utilizando los recursos para beneficiar más a nuestros jóvenes”.

Para muchos estudiantes de ascendencia centroamericana, sin embargo, el cambio debió darse hace tiempo.

Como estudiante universitaria en la Universidad de California en San Diego, Elisabeth Villalta, una salvadoreña-estadounidense que creció en Fontana, dijo que nunca sintió que el capítulo de MEChA de la universidad reflejara las experiencias de su familia: Huyeron de la guerra y la turbulencia política y tuvieron que cruzar tres fronteras para llegar a los Estados Unidos.

El enfoque de los líderes del grupo en la cultura y temas mexicanos, dijo la estudiante de 23 años, “se filtra a todos los aspectos del club, ya sea la manera en que se realizan las cosas … qué tipo de comida tienen en los eventos, qué tipo de música hay”.

Las voces de otros en las comunidades latina y centroamericana eran sofocadas, dijo Villalta.

Alejandro José Gradilla, de 49 años, profesor asociado de estudios chicanos en Cal State Fullerton, piensa que el cambio de perspectiva de MEChA es bueno porque “las organizaciones tienen que ser fluidas y constantes”.

“Tienen que satisfacer las necesidades del periodo político actual en el que están, en oposición al periodo en que se fundó el grupo”, dijo.

Décadas después de que adoptó orgullosamente el ser llamado chicano, Rodríguez, ahora de 67 años, dijo que como quiera que elijan ser llamados aquellos en la actual lucha de identidad, espera que los latinos jóvenes no olviden las luchas del movimiento chicano.

“Supongo que los chicanos viejos compartiríamos la culpa de permitir que esta historia se perdiera”, afirmó.



Acerca del autor

Staff Report

Staff Report

Noticias relacionadas

pronóstico del tiempo

Weather Icon

Manténgase al día con las últimas noticias de nuestras aplicaciones móviles.


Consíguelo en el App Store

Disponible en Google Play

Actualización de las noticias