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Hasta la tumba, Galdino Gómez se lleva secretos de “La china poblana”

Hasta la tumba, Galdino Gómez se lleva secretos de “La china poblana”

<strong>Hasta la tumba, Galdino Gómez se lleva secretos de “La china poblana”</strong>
abril 18
00:00 2019

MEXICO — Apasionado del Séptimo Arte tanto de México como del mundo entero, el coleccionista Galdino Gómez dijo que se llevaría a la tumba la copia de la película “La China Poblana” y quizá así haya sido, pues amigos cercanos del promotor afirman que siempre procuró mantenerla en secreto para preservar su valor.

“Galdino, en el cumpleaños de María Félix (8 de abril), iba al panteón y llevaba la película como homenaje. Luego se regresaba a su departamento (en la Ciudad de México) y lo resguardaba celosamente”, refirió el historiador cinematográfico y catedrático universitario David Ramón.

De acuerdo con Ramón, quien por más de 40 años sostuvo una profunda amistad con Galdino Gómez, el coleccionista ya había transferido a formato DVD la copia. “En alguna ocasión me mostró una escena donde los colores se veían a la perfección”, recordó.

Aunque reconoció que en varias ocasiones le preguntó por qué no dejaba que dicha copia se exhibiera en alguna función pública, con el tiempo entendió que Galdino tenía la postura de algunos coleccionistas, quienes piensan “que los objetos pierden su valor si todo mundo lo ve”.

No obstante, en reiteradas ocasiones lo invitó a compartir esta película y otras de relevancia histórica, bajo la premisa de que se trataba de un patrimonio artístico y cultural.

“Antes de morir me dijo: ‘No te doy nada de mis cosas porque sé que inmediatamente exhibirías ‘La China Poblana’”, recordó con singular picardía el crítico e investigador cinematográfico.

“La China Poblana” se rodó en 1943, tuvo su estreno el 8 de abril de 1944 y fue María Félix quien dio vida tanto a la “China Poblana” como a la marquesa “Calderón de la Barca”.

A decir de la Diva del Cine Mexicano, la filmó para pagar un favor, “pero esta película no tenía pies ni cabeza, a pesar de que se rodó en espectaculares colores y el vestuario era de gran gusto”.

Según los expertos no se trata de una gran historia, pero María Félix aceptó los personajes como un gesto de gratitud hacia Fernando A. Palacios, quien la descubrió mientras caminaba en 1940 por avenida Madero, en el centro de la Ciudad de México.

“La historia cuenta cómo la marquesa ‘Calderón de la Barca’ quiere ponerse el traje de la china poblana y cómo es que todo mundo se escandaliza porque se decía que era una mala mujer. Sin embargo, alguien le cuenta a la marquesa la verdadera historia de la china poblana, quien por cierto narra la leyenda, fallece en santidad. Y es así como la marquesa la reconoce como una gran mujer y decide utilizar su traje”, compartió David Ramón en entrevista con Notimex.

Aseguró que una de las cosas más sorprendentes de la cinta es que el traje que lució María Félix era una réplica del que usó la bailarina rusa Anna Pavlova en su gira por México, donde por cierto aprendió a bailar jarabe tapatío.

“Es una gran historia por muchos motivos y considero que se trata de un patrimonio artístico y cultural de México (…) amigos de Galdino hemos tenido acercamientos con sus herederos para poder catalogar sus grandes tesoros, porque esta película es una de las varias maravillas que resguardaba en su departamento”, refirió David Ramón.

La obsesión de expertos y coleccionistas

“La china poblana” es una de las 10 películas más buscadas en la historia del cine mexicano. Se presume que una de sus copias se quemó el 24 de marzo de 1982 durante el incendio de la Cineteca Nacional.

Al respecto, Catherine Bloch, subdirectora de investigación de acervos de la Cineteca Nacional, refirió que más allá de los rumores, no se tiene registro de que haya estado en el acervo de la Cineteca, que había comenzado a funcionar seis años antes.

Sin embargo, reconoció que todo se quemó durante aquel incendio, incluso el listado de las películas y los materiales que se tenían.

Al parecer encontrar una copia de esta cinta es como buscar una aguja dentro de un pajar, toda vez que los productores y los distribuidores de los primeros años del cine mexicano no necesariamente las cuidaban mucho.

“Las utilizaban para vender y exhibirlas, pero no tenían el concepto de archivos fílmicos. Y si a eso le sumamos que no se estrenó con muchas copias y que no tuvo tanto éxito como para pensar que se exhibió en todo el país, es casi imposible que por ahí haya alguna copia”, concluyó Bloch, miembro del Comité Consultivo Internacional del Programa Memoria del Mundo UNESCO.



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