La Prensa Libre

Gente de Fe: Por el Rev. Jesús Juan González Comunidad Presbiteriana Hispana en Springdale

Gente de Fe: Por el Rev. Jesús Juan González Comunidad Presbiteriana Hispana en Springdale

agosto 12
01:00 2010

“Yo fui joven, y ya soy viejo, pero nunca vi desamparado al hombre bueno ni jamás vi a sus hijos pedir limosna.” Salmo 37:25 (Versión Popular, Sociedad Bíblica Americana 1983)

No hay político que no tenga que hacer promesas para resultar electo. Seguimos esperando a representantes electos capaces de lograr algunos cambios o por lo menos cumplir lo que prometieron. Para descargo de algunos políticos, no siempre las circunstancias socio-económicas permiten el cumplimiento de lo prometido.

En un plano más personal y familiar (por lo menos para los que estamos casados y los que han estado casados), el marido y la esposa han prometido ante un juez civil y/o ante un líder religioso votos de fidelidad y de apoyo mutuo incondicionales… y ya sabemos las consecuencias de felicidad o de frustración que nos han producido el nivel de cumplimiento de tales promesas. En el peor caso, en el afán de una búsqueda constante y desesperada de creer en alguien o en algo estamos en disposición de seguir cualquier formula o método milagroso que se nos ofrezca para ser felices o para dejar de sentir dolor, y de vender nuestra alma si fuera necesario por lo que creemos que nos haría felices (status migratorio, atractivo físico, altos ingresos, buena salud, casa propia y automóvil del año, entre muchos otros deseos).

Muchos han venido a los Estados Unidos buscando salir de una vez y para siempre de la condición de pobreza causada por la desigualdad social y falta de oportunidades en sus países de origen. Hemos venido todos a esta tierra de abundancia y prosperidad. Unos incluso han sufrido más aquí que en Latinoamérica.

Cierto, hay de promesas a promesas. Y la que nos refiere el Salmo 37 versículo 25 es una que en mis años de vida he podido ver cumplida. La leí por primera vez en 1969 (a los 12 años) y la leo ahora (a los 53). Han ocurrido todo tipo de crisis sociales y económicas en cada década y en cada año, pero al hombre y a la mujer de sólida integridad moral y espiritual no le han faltado lo necesario, ni a sus hijos e hijas se les han visto pidiendo caridad en la vía pública (como desgraciadamente cada vez vemos más personas con letreros pidiendo ayuda en algunas esquinas de ciudades norteamericanas).

La sociedad actual nos dice que ser buenos y decir la verdad no nos va a ayudar a progresar; en el peor caso vemos que a los que viven fuera de la ley parece que les va mejor.

Estimados(as) lectores(as), vivimos en una sociedad de alta velocidad que ofrece y exige promesas de efecto instantáneo (resultados al primer intento). Las buenas y las mejores promesas requieren tiempo, porque requieren fe y paciencia, requieren aprendizaje y disciplina, para que se puedan apreciar la intención y el valor de cumplirlas (tanto de quien promete como de quien espera ese cumplimiento).

Si no queremos ver a nuestros hijos e hijas pedir limosna en el presente o en el futuro, cumplamos la promesa de ser mujeres y hombres de bien y de buena conducta.



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