La Prensa Libre

Adolescentes salvadoreños se reúnen con sus padres en EEUU

noviembre 19
13:00 2015
Fotos de Patrick Semansky/AP Gabriel Mejía abraza a su hija Wendy, de 16 años, mientras sostiene en un brazo a su hijo Elías en el aeropuerto de Baltimore el jueves 12 de noviembre.

Fotos de Patrick Semansky/AP
Gabriel Mejía abraza a su hija Wendy, de 16 años, mientras sostiene en un brazo a su hijo Elías en el aeropuerto de Baltimore el jueves 12 de noviembre.

Juliet Linderman

The Associated Press

BALTIMORE, Maryland — Por años, Brian Mejía le pidió la bendición a su padre para que lo autorizase a intentar el peligroso recorrido a EEUU que le permitiera dejar atrás la violencia de las pandillas de su pueblo en El Salvador, la cual había empujado a su progenitor a emigrar.

 Janet Mejía, 7, lleva un suéter estampado con un corazón mientras espera que lleguen su hermano y hermana de El Salvador al Aeropuerto Internacional de Baltimore-Washington.

Janet Mejía, 7, lleva un suéter estampado con un corazón mientras espera que lleguen su hermano y hermana de El Salvador al Aeropuerto Internacional de Baltimore-Washington.

Y por años Gabriel Mejía le dijo que no, consciente de la pesadilla que había vivido él al cruzar el desierto, muerto de sed y lastimándose con las espinas de los cactus.

El padre, no obstante, no soportaba el baño de sangre que vive su patria y 15 años después de llegar a EEUU, estaba empezando a considerar la idea de contratar un coyote para que trajese a sus hijo de 19 años y su hija de 16, Wendy.

Patrick Semansky/AP Wendy Mejía, de 16 años (centro) saluda a una tía a su llegada al aeropuerto de Baltimore para reunirse con su familia el jueves 12.

Patrick Semansky/AP
Wendy Mejía, de 16 años (centro) saluda a una tía a su llegada al aeropuerto de Baltimore para reunirse con su familia el jueves 12.

Pero se enteró de que no sería necesario traerlos ilegalmente, sino que podría acogerse a un programa que busca ayudar a que personas radicadas en EEUU puedan traer a sus hijos.

Al caer la noche el jueves pasado, Mejía y su esposa, Virginia de la Paz Márquez, esperaron ansiosamente a sus dos hijos, junto con otros dos vástagos nacidos en EEUU: Janet, de ocho años, y Elías, de uno.

Mejía le hacía caras a los pequeños y su esposa trataba de contener las lágrimas y el nerviosismo mientras los hijos mayores iban a buscar sus maletas. Cuando finalmente salieron, la madre mezclaba el llanto con grandes sonrisas al abrazar a sus hijos, dos adolescentes que llevaban carteles que los identificaban como refugiados.

Brian y Wendy son dos de los seis primeros adolescentes que ingresan legalmente a EEUU al amparo del programa Menores Centroamericanos, según Rubén Chansrasekar, director ejecutivo de la oficina de Baltimore del Comité de Rescates Internacionales (International Rescue Committee).

La agencia ha presentado cientos de solicitudes de padres desesperados por traer a sus hijos.

Hay más de 5,000 menores como ellos que iniciaron el trámite y esperan noticias del Departamento de Seguridad Nacional. Hasta ahora solo 90 menores han sido entrevistados.

Hay quienes dicen que el programa, creado en diciembre del 2014 para ofrecer una alternativa legal y segura a los menores que intentan llegar ilegalmente a EEUU sin acompañantes, ha hecho muy poco por rescatar a estos jóvenes expuestos a la violencia que sacude a América Central.

Afirman que los muchachos que han presentado las solicitudes no tienen protección alguna en sus países mientras esperan hasta un año y medio para que las autoridades estadounidenses procesen los pedidos.

Solo las personas que están en el país legalmente pueden pedir a sus hijos, que deben tener no más de 21 años, ser solteros y vivir en El Salvador, Guatemala u Honduras.

Gabriel Mejía tiene permiso de residencia en EEUU.

Las tres naciones centroamericanas soportan una violencia pandillera desenfrenada.

El Salvador es uno de los países más violentos del mundo.

Durante en el verano boreal, 667 personas fueron asesinadas en un mes y el país registra a menudo 40 asesinatos en un solo día.

Mejía dijo que sus hijos recibían con frecuencia amenazas de violencia física, pero que no contaban demasiado sobre sus experiencias por temor a que sus teléfonos estuviesen interceptados.

Para Mejía y su esposa, el programa es un sueño hecho realidad. Pero ante la lentitud con que se mueve todo, Mejía dijo que por momentos pensó que jamás volvería a ver a sus hijos.

Mejía se fue de su pueblo en las afueras de San Salvador en 2000, en busca de mejores oportunidades laborales en EEUU.

Hace ocho años su esposa contrató a un coyote para venir también, dejando a sus hijos con su abuela.

Esa decisión la atormenta.

“Muchas veces le dije a mi marido que quería regresarme”, expresó mientras esperaba a sus hijos en el aeropuerto. “Le dije que no era justo que yo no estuviese pasando por lo que ellos pasaban. Pero él me insistía en que debíamos tener paciencia, que ya habría oportunidades”.

“Cuando escuchamos sobre el programa, tuve fe, pensaba que algo pasaría y ahora están aquí”.



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Un joven digno de admirar, yo lo conozco muy bn....

Ana

Me alegra saber lo lejos que has podido llegar, se que mi gran amigo Alex...

Qué Dios continúe ampliando tus horizontes..El cielo es el límite.. Persigue tus sueños Brandon....

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