La Prensa Libre

Madres educadas explican desacuerdo con vacunación

febrero 26
12:51 2015
Gosia Wozniacka/AP Michelle Moore posa con sus hijas mellizas, Sierra, derecha, y Savannah en Lake Oswego, Oregon. Moore no se opone a la medicina, piensa que las vacunas tienen su lugar y que son una opción que se debe investigar cuidadosamente.

Gosia Wozniacka/AP
Michelle Moore posa con sus hijas mellizas, Sierra, derecha, y Savannah en Lake Oswego, Oregon. Moore no se opone a la medicina, piensa que las vacunas tienen su lugar y que son una opción que se debe investigar cuidadosamente.

Gosia Wozniacka

The Associated Press

LAKE OSWEGO, Oregon — Una es una empresaria con maestría en Administración de Empresas. La otra es vicepresidente de una corporación. La tercera es enfermera.


Estas tres madres — profesionales de clase media — están entre quienes demuestran escepticismo ante las vacunas y que han sido ridiculizadas ampliamente desde que más de 100 personas se enfermaron de sarampión, un brote rastreado hasta Disneylandia.

Los críticos han puesto en duda la inteligencia de las tres madres, su manera de criar a los hijos e incluso su salud mental.

“No me opongo a la medicina y creo que las vacunas tienen su lugar. Creemos que son una opción y que debe investigarse cuidadosamente”, explicó Michelle Moore, la empresaria que vive en el suburbio de Lake Oswego en Portland con sus mellizas de 2½ años.

Moore, quien tiene maestría en Administración de Empresas y dirige un negocio relacionado con la agricultura, dice que el origen de su opinión es de cuando tomó Lariam, un medicamento supuestamente seguro contra la malaria, pero que le provocó numerosos problemas de salud.

Las autoridades de salud reconocen ahora que el Lariam puede provocar efectos secundarios severos, que pueden resultar permanentes.

Esa experiencia afectó la confianza de Moore en el sistema médico y la hizo investigar durante años cómo las vacunas afectan la salud.

Cuando estaba embarazada, Moore y su esposo decidieron demorar la inmunización de Sierra y Savannah.

Nancy Babcock, de Spokane, Washington, dice que la gente “envilece y excluye” a quienes se oponen a las vacunas y han compartido sus opiniones.

Babcock, vicepresidenta de un banco, le contó sus dudas a su hija. Entonces la hija y su esposo estudiaron el asunto y decidieron no inmunizar a sus dos hijos.

“En una comunidad con tanta gente joven, los que no vacunan a sus hijos sienten mucha presión”, dijo.

En todo el país, los padres que solicitan la exención a las vacunas son una pequeña minoría.

El índice medio de exención a las vacunas entre niños de preescolar durante el año 2013-2014 fue de sólo 1.8%, según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), pero algunas escuelas o comunidades tienen índices más elevados, en ocasiones de 60% o más.

Los padres que hablaron con la AP dijeron que habían dedicado cientos de horas a leer estudios médicos, libros y noticias y a comunicarse con otros en las redes sociales.

Citaron casos de niños que supuestamente fueron afectados por las vacunas y la existencia de un programa gubernamental de compensación a afectados por las inmunizaciones.

Moore reconoce que la gran mayoría de los estudios muestran que las vacunas son seguras, aunque dice que algunas investigaciones indican cierta falta de uniformidad, efectos negativos o desconocidos que merecen más investigación.

A Moore y a otros también les preocupa cómo la exposición a sustancias químicas, mala nutrición y el estrés puede afectar los genes y la salud.

Y afirman que las grandes dosis de aditivos sintéticos en las vacunas, como aluminio y mercurio, pueden afectar los sistemas inmunológico, digestivo y cerebral.

Los CDC han planeado dejar de usar el mercurio como conservante en las vacunas a manera de precaución y la agencia indica que las vacunas con aluminio presentan un riesgo bajo para los menores.

“Yo tengo el derecho a decidir qué sustancia entra al cuerpo de mi hijo”, reiteró Heather Dillard, madre y enfermera de Springfield, Missouri. “Nadie tiene el derecho de inyectar sustancias químicas nocivas a mi hijo. Eso es quitarme mis derechos y algo que me aterra”.

Dillard dijo que se proclamó en contra de las inmunizaciones porque su primer hijo fue prematuro y sufre de autismo.

Dillard no cree que las vacunas le provocaron el autismo, pero el mal la ha llevado a investigar mucho sobre asuntos de salud.

Dice que prefiere desarrollar el sistema inmunológico de su hijo de manera natural, mediante la dieta y evitar las vacunas y otros medicamentos.

“Me preocupa vivir en una sociedad que cada vez es más intolerante con cualquier disensión”, puntualizó Moore. “Todos los avances científicos provienen de cuestionar el statu quo”.

•••

Sustancias comunes en las vacunas

Geles de aluminio o sales de aluminio que se añaden como adyuvantes para ayudar a la vacuna estimular una respuesta mejor. Los adyuvantes ayudan a promover una respuesta más temprana y potente, y una respuesta inmunitaria más persistente a la vacuna.

Antibióticos se añaden a algunas vacunas para prevenir el crecimiento de los gérmenes (bacterias) durante la producción y el almacenamiento de la vacuna. No hay vacuna producida en Estados Unidos que contiene penicilina.

Proteína de huevo se encuentra en vacunas contra la gripe y la fiebre amarilla, las cuales se preparan usando huevos de gallina. Por lo general, las personas que son capaces de comer huevos o productos de huevo con seguridad pueden recibir estas vacunas.

Formaldehído se utiliza para inactivar productos bacterianos para las vacunas de toxoide (estas son las vacunas que utilizan una toxina bacteriana inactiva para producir inmunidad). También se utiliza para matar los virus y las bacterias no deseadas que podrían contaminar la vacuna durante la producción. La mayoría del formaldehído se elimina de la vacuna antes de ser empacada.

Glutamato monosódico (MSG) y 2-fenoxi-etanol se utilizan como estabilizadores en unas pocas vacunas para ayudar a que la vacuna se mantenga sin cambios cuando la vacuna se expone al calor, la luz, la acidez, o la humedad.

Timerosal es un conservante que contiene mercurio que se añade a viales de vacuna que contienen más de una dosis para prevenir la contaminación y el crecimiento de bacterias potencialmente nocivas.

Para los niños con antecedentes de reacciones alérgicas a cualquiera de estas sustancias en las vacunas, los padres deben consultar al profesional médico de su hijo antes de la vacunación.

Fuente: Centros para el Control y Prevención de Enfermedades

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