La Prensa Libre

DREAMer de Pea Ridge liberada de detención federal

mayo 01
12:57 2014
Annette Beard/NWA Media Reunidas por fin: Marisol Soto, centro, con su madre, Andrea Caldera Vázquez, izquierda, y su hermana Mariana en Pea Ridge.

Annette Beard/NWA Media
Reunidas por fin: Marisol Soto, centro, con su madre, Andrea Caldera Vázquez, izquierda, y su hermana Mariana en Pea Ridge.

Annette Beard

abeard@nwaonline.com

PEA RIDGE — Regresar a casa a Pea Ridge — a sus padres y a su hermana — fue un sueño hecho realidad para Marisol Soto.

Arribó al Aeropuerto Regional del Noroeste de Arkansas el sábado, 26 de abril por la noche, donde fue recibida por miembros de la familia y su mejor amiga entre lágrimas.

“No podía dejar de llorar”, relató Mariana, hermana de Marisol, sobre su madre, Andrea Caldera Vázquez, cuando su “niña” regresó. No se habían visto desde hace dos años y medio.

Soto, de 20 años y oriunda de México, fue traída al Noroeste de Arkansas por su familia cuando tenía 7 años, asistió a escuelas de Pea Ridge y se graduó en 2011. Ante el temor de que no podía entrar a una universidad norteamericana, ni conseguir un trabajo, regresó a México para asistir a la universidad. Allí se topó con dificultades, persecución y traición.

Como último recurso, se unió a un grupo de los llamados DREAMers que dijeron que la ayudarían a ella y a otros 150 a regresar a EEUU. El 10 de marzo cruzaron la frontera de México a California y fueron colocados en un centro de detención en San Diego.

Un juez inicialmente le negó asilo a Soto, pero luego se le dio una segunda cita en la corte.

Relató que su comparecencia ante la juez se postergó cuatro veces. Durante el proceso, tanto amigos como funcionarios públicos y autoridades escolares escribieron cartas que respaldaban el buen carácter de Soto, así pidiendo su liberación.

“La primera vez que vi a la juez, me dijo, ‘Señorita Soto, venga aquí.” Me asustó. Pensé que iba a ser deportada. Pero ella dijo que quería postergarlo porque el caso era muy largo y quería estudiarlo”.

Las siguientes tres veces que se presentó ante la juez, el sistema informático no funcionaba, así que se continuó con el caso.

“Fue un gran milagro”, manifestó Soto. “Para el lunes, 21 de abril, el día de la corte, sólo éramos yo, dos DREAMers y otro recluso”.

La juez estaba muy molesta por la decisión que había tomado el funcionario de asilo, relató, así que aceptó la petición de asilo.

“Ella dijo que debería haberme permitido salir hace mucho tiempo”, enumeró Soto.

Su asilo le permite estar en EEUU durante un año, mas no puede trabajar y tiene que registrarse con la corte de inmigración. La familia de Soto tuvo que pagar una fianza de $7,500 para su liberación.

Una vez de vuelta en el Noroeste de Arkansas, la familia hizo dos cosas: comieron en el lugar favorito de Soto, Chick-fil-A, y luego fueron a la iglesia para agradecer este milagro.

Soto planea solicitar entrar a un programa de asistente dental de 10 meses, aunque al final quiere ser enfermera.



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Me alegra saber lo lejos que has podido llegar, se que mi gran amigo Alex...

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