La Prensa Libre

Jefe de policía niega escuadrones de muerte

noviembre 07
13:00 2013

Alberto Arce

The Associated Press

 

Fernando Antonio/AP El general Juan Carlos Bonilla, jefe de policía de Honduras, centro, habla durante una conferencia de prensa en Tegucigalpa en julio. El general de cinco estrellas fue acusado hace una década de operar escuadrones de la muerte y ahora supervisa un departamento acusado de golpear, matar y “desaparecer” a sus detenidos.

Fernando Antonio/AP
El general Juan Carlos Bonilla, jefe de policía de Honduras, centro, habla durante una conferencia de prensa en Tegucigalpa en julio. El general de cinco estrellas fue acusado hace una década de operar escuadrones de la muerte y ahora supervisa un departamento acusado de golpear, matar y “desaparecer” a sus detenidos.

TEGUCIGALPA — En una capital acostumbrada a que ocurra un baño de sangre a diario, el hombre encargado de que la ley se cumpla es tan temido como los propios delincuentes. Pocos se atreven a hablar de él en voz alta.

El General de cinco estrellas Juan Carlos Bonilla, acusado hace una década de dirigir escuadrones de la muerte, ahora está a cargo del departamento de policía del que se sospecha es responsable de golpear, asesinar y desaparecer a quienes detiene.

Es también la máxima autoridad policial de un país por el que pasa la mayor parte de la cocaína que llega a Estados Unidos.

Por eso, Bonilla, de 49 años, es el hombre al que el gobierno de ese país debe dirigirse para continuar su lucha contra el narcotráfico en Honduras.

Aunque el Departamento de Estado mantiene oficialmente al jefe policial a una prudencial distancia debido a su dudoso pasado, Bonilla se refiere al gobierno de Estados Unidos como su “mejor aliado y amigo” en lo que la policía respecta. Si el gobierno de ese país quiere enfrentarse al narcotráfico en Honduras deben trabajar con él.

“Yo soy el Director General y no delego esa responsabilidad en nadie”, dijo Bonilla en su primera entrevista en profundidad desde 2011.

Durante una larga conversación con The Associated Press, que comenzó con un almuerzo en su restaurante favorito de Tegucigalpa y terminó en una cena en su casa, Bonilla negó haber participado en una supuesta política de limpieza social, o que la policía que dirige sea tan criminal como aquellos a quienes arresta y afirmó que él, de ninguna manera, es responsable de una serie de pandilleros muertos, que desaparecieron tras ser arrestados. Los cuerpos de dos de ellos aparecieron en las afueras de la ciudad.

“Yo no puedo estar encima de todo, alguna vez se me va a escapar algo”, dijo. “Soy humano. No puede tratar de culparme a mí de todo lo que sucede dentro de la policía”.

Honduras es un país con la mayor tasa de homicidios del mundo, donde la corrupción florece y el estado de derecho es débil. Los habitantes de la capital corren a casa antes de que anochezca. En las noches pululan los disparos y ráfagas automáticas y las ciudades se despiertan con escenas de cuerpos asesinados y descuartizados que llevan el sello de las pandillas, los narcos y, presuntamente, de la policía.

Según la ley, Bonilla tiene que manejar todo lo relativo a la policía en Honduras, desde la planificación hasta la dirección de las investigaciones, hasta la aprobación de cualquier viaje al extranjero de sus agentes para participar en cursos de formación o reparación de vehículos. Dirige una fuerza policial para la que ni siquiera existe una cifra fiable respecto al número de oficiales que perciben un salario o se presentan al trabajo. Oscila entre 8,000 y 15,000 policías.

Las acusaciones por violaciones de los derechos humanos son rutinarias. Entre marzo y mayo de 2013, la AP reportó al menos cinco casos de pandilleros muertos o desaparecidos después de ser detenidos por la policía en una política que activistas de derechos humanos y críticos denominan “limpieza social” de delincuentes ejecutada por “escuadrones de la muerte”.

En julio, un hombre murió por fractura de hígado después de ser arrestado por desórdenes públicos según un expediente de la fiscalía. Y un pandillero fue linchado hasta morir en agosto después de ser arrestado por asesinar a un policía, un crimen que fue grabado por una cámara de vigilancia y que se volvió muy popular en internet.

Bonilla dice que es consciente de las acusaciones de que la policía desaparece o asesina sospechosos pero insiste en que todos los casos son investigados y defiende a la institución y a sus miembros. Los excesos “existen, sí. Los investigamos y actuamos”, dijo. “No puede usar un concepto como ‘escuadrones de la muerte’ porque no hay cadena de mando ni una orden que yo haya dado, nunca, bajo ninguna circunstancia, de actuar ilegalmente”.

“Se trata de la institución en la que he pasado toda mi vida y le soy leal”, dijo.



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