La Prensa Libre

El mundo no se acabó — por ahora

enero 03
13:00 2013

Los Angeles Times

 

Foto de archivo de Paul Sakuma/AP
Explosión mortal de una línea de gas en San Bruno, California, la cual sucedió en septiembre de 2012. El daño ambiental de semejantes sucesos es causa de consternación apocalíptica.

Los seres humanos siempre han estado fascinados con la idea del Apocalipsis. A veces parece que realmente creemos en ella, otras veces sólo estamos acumulando fantasías sobre alguna destrucción dramática.

En la película de acción sobre el fin del mundo “End of Days” de 1999, por ejemplo, el demonio viene a la Tierra para reclamar a su novia mortal y su dominio sobre el mundo. Pero Arnold Schwarzenegger termina salvándola a ella — y al mundo — por empalarse a sí mismo sobre una espada en una gran catedral católica que había comenzado a desmoronarse sobre él.

Lo curioso es que a pesar de nuestra aparente obsesión con la catástrofe global, somos asombrosamente reluctantes a enfrentarnos a las complicaciones de las amenazas reales y documentadas de nuestro planeta. La ciencia y la observación parece indicar que las crisis planetarias reales vendrán más lentamente y con calma, pero tristemente igual — y quizá más aún porque para entonces habremos tenido años, si no décadas, de advertencia legítima.

Los efectos del cambio climático no puede ser tan dramático como la reaparición de Satanás en la Tierra, pero son mucho más inminentes. Científicos de todo el planeta han instado a los líderes políticos contrarrestar la amenaza de una variedad de medidas de conservación, algunos de los cuales hemos seguido, algunos de los cuales hemos ignorado. Mientras tanto, las temperaturas globales ya están arriba, las masas de hielo se están derritiendo, los osos polares se están aislando en un hábitat helado menguante.

La aniquilación nuclear, la cual pasaría mucho más rápido y con un golpe más cinematográfico, sigue siendo una posibilidad a medida que más países procuran obtener armas nucleares o material para fabricarlas. Controlar la proliferación nuclear — y las armas que ya existen — es complicado y controvertido, pero sin duda vale la pena luchar.

Puede ser más divertido considerar los finales teatrales y predicciones inverosímiles de la fatalidad, pero en realidad, ¿no deberíamos estar concentrándonos en resolver las aterradoras situaciones complejas, pero reales, a las que nos enfrentamos?

Por lo menos entonces, los terrícolas podrían tener una oportunidad de sobrevivir.

—Esta columna editorial apareció en el Los Ángeles Times tras la histeria sobre el supuesto fin del mundo a finales de 2012.



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