Parálisis cerebral no impide aprendizaje al aire libre

Flip Putthoff 

FPUTTHOFF@NWAONLINE.COM 

 

Fotos de Flip Putthoff/NWA Media
Jonathan Barrientos, estudiante de Rogers High School con parálisis cerebral, hace rápel, un sistema de descenso por un precipicio, con el instructor Jeff Belk el miércoles 12 de diciembre en el Lago Lincoln. El rápel y la escalada en roca son dos de las muchas habilidades que los estudiantes aprenden en la educación al aire libre de RHS y en otras escuelas de la zona.

Todos se saludaron con palmadas, o “high fives”, mientras que uno por uno, una docena de estudiantes de high school hicieron rápel suavemente por un peñasco de arenisca de 50 pies.

Nadie celebró más que Jonathan Barrientos, senior de Rogers High School. Estar en una silla de ruedas no impidió que el adolescente descendiera por el peñasco.

Cuando Barrientos se inscribió en la popular clase de educación al aire libre de la escuela, los profesores Jeff Belk y Shawn Flannigan sabían que se acercaba el viaje de rápel y escalada en roca.

También sabían con confianza que Jonathan haría el rápel con el resto de sus compañeros de clase.

Barrientos tiene parálisis

Así le quitaron las cuerdas a Barrientos al terminar su descenso por el precipicio.

cerebral que lo limita físicamente, pero no impide su capacidad de dar una amplia sonrisa. Su sonrisa no tuvo precio cuando Jonathan empezó a bajar el acantilado con Belk a su lado.

Uno de los compañeros de Jonathan, Jessica Coffey, dijo que parte de la educación al aire libre es probar cosas nuevas, a veces temerosas.

“Te enfrentas a tus miedos”, comentó.

Al igual que Jonathan, Jessica descendió bien por el acantilado.

Belk y Flannigan tuvieron grandes elogios para cada estudiante que desafió el rápel, luego subieron a la otra cara de la piedra arenisca en un ejercicio de escalada, con cuerdas atadas por seguridad.

Todos los ojos estaban sobre Jonathan cuando le tocó su turno.

 

Sin miedo

El Lago Lincoln, en el oeste del Condado de Washington, resplandecía a 50 metros bajo el acantilado. Jonathan se sentó cerca de la orilla. Flannigan agarró las asas en la parte posterior de la silla de ruedas de Jonathan y él rodó hacia las cuerdas de rápel.

Alguien preguntó, “¿Estás nervioso, Jonathan?”

“Voy a aguantar”, respondió.

Flannigan rodó a Jonathan hasta el borde y le pidió que frenara las ruedas.

Con eso, los dos profesores de Jonathan levantaron su silla de ruedas, lo sentaron sobre su trasero en el borde del acantilado y lo ataron a un arnés de rápel.

Antes del viaje, obtuvieron un arnés de cuerpo completo que Jonathan pudiera utilizar, en lugar del tipo normal que se ajusta alrededor de las caderas y la cintura.

Sí se desplegó el plan de Belk y Flannigan para Jonathan.

“Cuando se inscribió en la clase, inmediatamente comenzaron a girar nuestras mentes”, Flannigan indicó. “No queríamos que él no experimentara con esto”.

Belk envolvió con sus brazos al estudiante y, lentamente, se deslizó por el borde.

Entonces ahí estuvo esa gran sonrisa de Jonathan.

Sus compañeros de clase corrieron por un sendero para ganarle a la parte inferior. Esa sonrisa todavía estaba allí cuando llegó a tierra firme.

“Estoy listo para volver a subir”, dijo Jonathan cuando Belk aflojó las cuerdas.

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