40 nuevos diáconos ordenados en Arkansas

Bettina Lehovec

BLEHOVEC@NWAONLINE.COM

 

Andy Shupe/NWA Media
Diáconos recién nombrados en la Iglesia Católica de San José de Fayetteville el jueves, 29 de noviembre. Primera fila, de izquierda a derecha: Mike Henry, Marcelino Vásquez y Norm DeBriyn. Sus esposas, la fila de atrás de izquierda a derecha: Nancy Henry, Maria Vásquez y Caroline DeBriyn.

FAYETTEVILLE — Marcelino Vásquez sintió el llamado al sacerdocio cuando era niño, pero sus circunstancias no le permitieron seguir el llamado.

Ahora este católico de 40 años se ha convertido en un clérigo de otra manera – como diácono permanente en su iglesia.

Vásquez es uno de los 40 hombres de Arkansas ordenados como diáconos el 17 y el 24 de noviembre. Los hombres y sus esposas pasaron más de cuatro años preparándose. Se terminó el intenso período de formación, pero su labor voluntaria en la iglesia acaba de
comenzar.

“Esto es el comienzo”, indicó Vásquez, añadiendo que él y su esposa quieren “seguir el plan de Dios, escuchar su voz, hacer lo que quiera que hagamos”.

La palabra “diácono” proviene de la palabra griega “diákonos”, significando siervo o ministro. Es una de las tres posiciones ordenadas en la iglesia, junto con el sacerdocio y el obispado.

Los diáconos tuvieron un rol activo en la era primeriza de la iglesia, pero fueron lentamente eliminados para el siglo V. La iglesia católica revivió el oficio del diaconado tras las reformas del Vaticano II.

Arkansas ha tenido seis clases de formación desde los años 70, explicó John Marshewski, ministro de diáconos para la Diócesis de Little Rock. Esta fue la más grande, multiplicando por más de dos el número de diáconos que entraron al programa la década pasada.

“Estamos muy entusiasmados con estas adiciones”, Marschewski comentó. “Ayuda a nuestro ministerio indudablemente”.

Ahora el estado tiene unos 100 diáconos activos, agregó. La edad promedio antes de esta clase era de 69 o 70 años. Añadiendo hombres más jóvenes como Vásquez rebaja el promedio a unos 60 años, señaló.

Los diáconos ayudan a los párrocos con las beatitudes a través del servicio, sea trabajar con los enfermos, los pobres, o los encarcelados. Como segunda labor, son proclamadores del
evangelio.

Vásquez indicó que su párroco, el Rev. John Anthony de San José en Fayetteville, ya le pidió dar una homilía en español de manera mensual, dirigir bautismos dos veces al mes, traer comunión a los enfermos, y dar bendiciones en quinceañeras o en funerales.

Las esposas también participaron en la formación de sus maridos como diáconos.

María Vásquez fue una de tres esposas que ayudaron a completar tareas y ensayos junto con sus maridos.

“No sé qué estaba pensando”, explicó María, añadiendo que los primeros dos años fueron difíciles porque Marcelino jamás había utilizado una computadora anteriormente.

Aún con la difícil tarea adicional de sacar a dos de los cinco hijos de la pareja adelante, la familia persistió.

“Esta formación no es nomás para mí”, Marcelino subrayó. “Es para que los cuatro trabajemos juntos”.

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