Violencia doméstica mujer-hombre: más común de lo pensado

José López Bribiesca

JLOPEZ@NWAONLINE.COM

 

La violencia doméstica mujer-hombre incluye amenazas, tanto verbales como físicas, como se puede hacer con un cuchillo de chef en la mano.

Nota del editor: El nombre del protagonista de esta historia ha sido cambiado para proteger su persona.

Miguel Castillo jamás se imaginó ver su vida amenazada por un cuchillo de chef. Mucho menos que este instrumento estuviera en manos de la mujer que él amaba.

“Me quiso matar”, relata. Recordar este suceso le cala las emociones y quebranta el sintaxis de su voz. “Fue algo que… yo alcancé a correr, y en ese momento, yo no sabía… mi niña estaba en su cuarto, ella salió corriendo para detener a su mamá”.

Castillo continúa esta historia dándose cuenta que su propia hija lo salvó en esos momentos, a meros días de arribar la Navidad de 2007. La niña instó a Castillo que huyera de ese diabólico rostro decidido a matarlo.

Castillo sufrió años de violencia física, verbal y emocional por parte de su mujer, pero todo lo soportó por una mezcla de amor y de pavor.

Ella siendo ciudadana chicana siempre lo amenazaba por su estatus legal — él siendo mexicano viviendo ilegalmente en Arkansas.

“Yo sabía que si yo le hacía esto a esta persona que fue mi esposa, pues yo sabía que yo iba a ir a la cárcel, porque ella me lo decía”, Castillo indica. “Ella me decía, ‘Tú me haces algo, y te voy a mandar a la cárcel, y no solamente a la cárcel, sino por consecuencia a tu país’. Pero no usaba esas palabras, usaba unas palabras que la verdad prefiero evitar, muy fuertes”.

Castillo no está solo, pues las estadísticas sugieren que mujeres causando violencia doméstica a hombres es algo más común de lo que piensa la sociedad.

En un plazo de 12 meses, fueron más hombres que mujeres víctimas de violencia doméstica, con el 40% de los casos alcanzando un grave nivel de violencia física hacia el hombre, según un estudio de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) y del Departamento de Justicia de EEUU, realizado en 2010.

También, el mismo índice de mujeres y hombres dominadores imponen violencia doméstica a su cónyuge, y ambos géneros utilizan las mimas artimañas para controlar a la víctima: reducir el auto estima de la pareja, utilizar a los hijos, y abusar económicamente de la pareja, según estudios científicos recopilados por el Centro de Recursos de Violencia Doméstica (www.dvrc-or.org).

Estos casos de violencia doméstica son poco hablados en esta sociedad porque los hombres imponen una fachada de fuerza, así escondiendo los problemas del resto del mundo, según estos mismos estudios.

Castillo entiende esto.

“Yo creo que hay muchos hombres que se pueden encontrar en esta situación, y que por causa de vergüenza o pena, no quieren decir que ellos están viviendo una situación así como de violencia doméstica por parte de la esposa en este caso”, señala. “Pero yo como hombre digo que hoy puedo mirar que sí hay casos así, los hay muchos, y pues yo personalmente animaría a cualquier persona a que se decida a salir de vivir una vida así. Porque no solo es perjudicial para él, y aún para la esposa, sino para los hijos, si es que los hay, y aunque no hayan hijos aún”.

La Prensa Libre tiene más de dos años buscando esta historia, sin éxito, hasta ahora que Castillo se animó a contarla.

Antes, Castillo no podía ni hablar de estos acontecimientos, pero ya han pasado cinco años de esos episodios de violencia voraz, y dice que ahora se siente mejor comunicando estos problemas.

 

Curación

Castillo tuvo que percatarse que había ignorado señales obvias antes de comenzar su noviazgo y que no conoció bien el pasado de esa mujer.

Tuvo que darse cuenta que su esposa quería echarlo de su vida por eso.

“El problema de violencia ya venía de antes”, expresa. “Muchas veces es porque la persona ya tiene otra vida u otras cosas, cosas que uno posiblemente ignora. Entonces, ella ya estaba con otra persona”.

Desorientado y aún con el pavor de perder a sus hijos, su esposa y su vida en Arkansas, Castillo fue rescatado por su concuño y su cuñada, la hermana de su esposa.

Estos ya querían hacer algo para rescatar tanto a sus sobrinos como a Castillo, y por ende a la mujer abusadora. Lo enviaron al Refugio Paz en el Hogar, donde recibió consejería, psicología, y clases con apoyo real y físico de personas que conocían su versión.

Eran solo mujeres en la mayoría de las clases, causándole a Castillo una vergüenza adicional siendo el único hombre, y sintiendo que las mujeres lo veían con ojos de “¿qué haces tú aquí?”

Castillo sí miró otro varón víctima una vez, pero nuevamente recalca que se ven muy poco estos casos.

Como el Refugio Paz en el Hogar solo está capacitado para dar posada a mujeres y niños, a los hombres víctimas se les ofrece estancia en algún hotel del área, explica Liana Frisbie, funcionaria del refugio.

Aún así, Frisbie subraya que los mismos servicios los ofrecen tanto a mujeres como a hombres, pues la misión del refugio sigue sin importar el género de la víctima.

“La violencia doméstica no solamente destruye a la persona que está pasando por eso, sino a nuestros hijos, el futuro de nuestros hijos, porque es algo que sigue”, comenta. “Entonces queremos darles algo que ellos puedan ver que hay otras cosas, que la familia puede compartir y tener una vida más saludable”.

En el caso de Castillo, sus dos hijos recibieron bastante ayuda psicológica, necesaria porque los psicólogos le informaron que los pequeños presentaban problemas muy graves al principio.

“Ahora yo puedo decir con calma que no miro en ellos como violencia o cosas así”, explica. “Yo creo que están muy bien, saludables mentalmente. Pero creo que fue gracias a Dios por toda esta ayuda que vine recibiendo, y que estuvieron en estas pláticas”.

Frisbie dice que sanar a los niños es imprescindible pues al dejarlos sin curación psicológica, las situaciones que viven son como viveros “para criar más abusadores y víctimas”.

El refugio ayudó a Castillo a ir a la corte, la cual le otorgó la custodia de sus hijos. No vivió en un hotel, pero el refugio le ayudó a conseguir un apartamento de bajo costo, importante pues no tenía trabajo fijo durante todos estos episodios.

También le ayudaron a conseguir la Visa U, la cual se da a víctimas de violencia doméstica. Ahora Castillo no vive con el miedo de ser deportado. Pero el inevitable divorcio sí fue difícil para Castillo, a pesar de todo lo sufrido.

“Yo creo en el matrimonio, y para mí, esto es algo muy fuerte que no esperaba que pasara”, explica. “Gracias a Dios, mis papás siempre estuvieron juntos y siempre me enseñaron esto. Pero en realidad, vivir así bajo amenaza y todo eso realmente era un martirio. No es vivir”.

Castillo tiene un mensaje para personas viviendo este martirio: que salgan de ese problema pues no es saludable para nadie, y que busquen ayuda y orientación, sean hombres o mujeres.

“Si ellas no lo hablan por vergüenza, es mucho más difícil para un hombre, por eso es que no se ven tantos casos”, recalca, animando a los hombres a vencer este miedo y buscar ayuda.

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Cualquier persona buscando ayuda puede llamar al Refugio Paz en el Hogar al 479-442-9811 o al 877-442-9811, disponible las 24 horas y con ayuda en español.

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