La Prensa Libre

Historias de soldados en el Día de los Veteranos

noviembre 10
13:00 2011

Foto cortesía de Junior Zuniga: Junior Zúniga, con la mano en alto, de guardia en la entrada de su base en Irak y cubriéndose de las bombas del enemigo.. La foto fue tomada por uno de sus soldados.

Fue en el desierto de Irak donde Junior Zúniga fue herido.

“Fue en el 2003 cuando se inició la guerra de Irak”, dijo. Él era sargento de la 101 División Aerotransportada, recuerda.

“Estábamos en un convoy y estábamos llevando un grupo a otra base y allí fue cuando una bomba delante de nosotros explotó y no podíamos movernos para adelante y cuando nos bajamos a hacer seguridad había otra bomba atrás de nosotros … y esa bomba también explotó”.


Foto Cortesía de David Ibarra: David Ibarra, policía y veterano de guerra, ha participado en combate y entrenado a las fuerzas de seguridad de Afganistán.

El impacto de esa bomba lo tiró al suelo. “Yo creí que uno de mis soldados me había empujado”, recuerda. Cuando se levantó y recostó se dio cuenta que el brazo le dolía mucho y que un fragmento de la bomba lo había herido. El doctor le dijo que si hubiera estado un poquito más a la izquierda el fragmento le habría entrado en el cuello.

Antes de partir a la guerra su hijo Daniel, entonces de siete meses de edad, lo había abrazado con mucha fuerza. “Yo lloré”, dijo.

Zúniga fue el primero de su familia en entrar a las fuerzas armadas. Él era jugador de béisbol en la Universidad de Miami y “de repente no funcionó mucho y yo pedí entrar al ejército”, dijo.

Entró en octubre de 1996 y superando entrenamientos cada vez más arduos llegó a ser parte de la élite: los Boinas Verdes, cuya especialidad es trabajar con ejércitos extranjeros.

“Trabajamos con las fuerzas de Tailandia, Filipinas, coreanas”, recuerda, “brincamos de aviones en los países de ellos, entrenamos a los Navy SEALS”.

Los Navy SEALS son la principal fuerza de operaciones especiales de la Marina de los Estados Unidos. Ellos fueron los que el pasado 6 de agosto mataron a Osama Bin Laden.

El entrenamiento de Zúniga fue de un rigor inimaginable. En invierno, cuando la temperatura caía bajo el punto de congelación, se lanzaban en paracaídas “en islas”, recuerda. En el ardiente verano de Tailandia aprendió a sobrevivir en la jungla.

“El río te dice como salir”, aseguró

En Kuwait vieron guerra desde el principio, cubriéndose la cara con máscaras antigás porque no sabían si los cohetes Scud irakíes estaban cargados de gas venenoso. Cuando cruzaron la frontera un tanque iraquí comenzó a atacarlos hasta que fue bombardeado y destruido por un helicóptero Apache.

Hay una cosa que aprendió del ejército: “cuando uno pasa por algo de lo que he pasado, las cosas de [la vida civil] se hacen mucho más fácil. Sé que puedo, sé que los sueños se pueden realizar, luego de estar en una cosa tan horrible”.

Los sueños le han inspirado a trabajar con fundaciones como Make a Wish, con los personajes de Walt Disney, y como disc jockey en fiestas y festivales. “Los niños son muy importantes, aquí voy a estar para ver como les puedo ayudar a ellos”, dijo, agregando que el apoyo más grande de su vida es su esposa panameña, Lupe Luke Zúñiga.

Zúniga, actualmente de 34 años, cree que haber ido a la guerra a los países árabes no ha sido acertada, “pero a la misma vez nosotros somos soldados y el presidente de los Estados Unidos  nos dio una orden y no podemos decir que está bueno o está malo, nosotros fuimos allá para hacer un trabajo”.

Por su parte, David Ibarra, entró a la Marina de los Estados Unidos “para servir a mi país”, dijo.

El policía retirado estuvo en Irak de 2005 a 2006 y en Afganistán desde 2008 a 2011.

En Afganistán él entrenó a la policía local y en las provincias de Zabul y Kandahar vio ataques de los talibanes contra los convoyes que venían de Pakistán con material y provisiones. Ibarra era parte de un equipo de reacción inmediata.

“Estábamos listos las 24 horas para ayudar a las víctimas de estos ataques”, dijo.

Ellos salían en vehículos blindados a ayudar a las víctimas. Varias veces llegaban y los camioneros y escoltas ya estaban muertos. Ibarra recuerda que una vez llegó una llamada de ayuda y él estaba en el gimnasio. Tuvo que salir con sus compañeros en ropa deportiva y zapatos tenis bajo su chaleco antibalas.

Cuando llegaron el convoy estaba destruido. Recuerda que de un policía sólo pudo reconocer la pierna derecha.

Asimismo, tenía que defender la base cuando los atacaban con cohetes y ametralladoras, a veces con efectos mortales.

“Una cayó en la iglesia temporal y mató a dos personas”, recuerda.

“Mi esposa me dijo ‘ya no más’”, dijo Ibarra, recordando que un afgano le había dicho que su país “es el cementerio de los imperios”.

Ibarra sabe que, como miembro de la reserva, puede ser llamado en cualquier momento.

“Estamos muy escasos de personal”, asegura. A él lo llamaron a combatir a los 43 años de edad. En su base tenía bajo su mando a un hombre de 59 años.

“El promedio de edad en Vietnam era de 19 a 29 años”, dijo.

 

 

 

 

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Me alegra saber lo lejos que has podido llegar, se que mi gran amigo Alex...

Qué Dios continúe ampliando tus horizontes..El cielo es el límite.. Persigue tus sueños Brandon....

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