La Prensa Libre

Christina Moroles: la mujer en la montaña

Christina Moroles: la mujer en la montaña
octubre 28
01:00 2010

Francisco Ayala Silva/ La Prensa Libre - María Cristina Moroles vive montaña arriba cerca del caserío de Boxley.

Ella no duda en decir la palabra con la que ella se define: curandera
María Christina Moroles ha saludado al ex presidente Bill Clinton. Su hermano, Jesús Bautista Moroles, es un escultor que ha ganado la Medalla Nacional de las Artes que entrega el Congreso de los Estados Unidos. Ella vive en una casa inmaculada en una de las cimas de los montes Ozark a la cual se llega recorriendo cuesta arriba un camino de tierra de tres millas.
Allí tiene La Clínica, un centro de masaje y de medicina natural. Abajo está Boxley, una aldea de media docena de casas.
Ella hizo construir ese camino para luego construir la casa donde el agua es de pozo y la electricidad es producida por paneles solares. Allí vive con cuatro perros, un gato, y la foto de su hijo de 21 años que sirve en la Guardia Costera. Él se llama Mario Decolores.
En el patio en los veranos ella construye temezcales, (del  náhuatl  “temezcalli”, casa de vapor), un baño creado por las culturas mesoamericanas producido con vapor de agua y hierbas aromáticas en un espacio cerrado donde la persona suda para limpiar el cuerpo, dijo Moroles.
“Se tiene que limpiar el cuerpo”, dice agregando que ella misma se limpia “para estar clara de la mente y poder ayudar”.
Cerca hay un pequeño promontorio de piedras de lava, conchas de mar y monedas.
Las hojas caen de los árboles en cascadas ocres. “Mira como la montaña cambia de vestido”, dice.
Ella trabaja con hierbas y en su casa hay frascos de vidrio con hojas molidas. Pero ella cree que “la raíz de todos los problemas son emocionales y espirituales”, dijo.
Para conocer el problema “yo hago una plática de corazón a corazón”, dijo. Luego el tratamiento puede incluir dieta, lavado y medicina, aunque para ella todo está en la inteligencia. “Todo es recordar”, dijo, “porque ya lo sabes y está en tu corazón”.
Moroles cree que la tierra une a todos. “No estamos en contacto, estamos conectados”, dijo.
Miranda Cady Hallett, doctora en antropología y profesora de introducción a la antropología cultural y diversidad en comunidad de la Universidad Otterbein, en Ohio, dijo que ella le tiene respeto a los curanderos porque los antropólogos estudian los sistemas de curación de varias culturas “aceptando que tienen cierta validez”, dijo.
“Reconocemos que hasta las enfermedades varían dependiendo de la cultura de la persona y casi cada enfermedad es una mezcla de elementos físicos y elementos mentales o psicológicos. Hasta los doctores occidentales reconocen eso”, dijo.
Cady Hallet dijo que todo tratamiento médico tiene aspectos psicológicos y aspectos físico. “Es importante que la persona enferma recibe un tratamiento culturalmente apropiado porque si no le va a las dos partes y no cree en el sistema de curación, este no funciona”
Moroles no duda que trabaja con poderes espirituales. “No viene de mi, yo soy como una vasija”, dice.
“Nací para esto”, dijo.
Ella  nació en Corpus Christi, Texas, donde su padre limpiaba los pisos de una compañía óptica y su madre cosechaba algodón en los campos. Ambos padres eran inmigrantes mexicanos y tuvieron seis hijos. Moroles dijo que su madre tenía el don de la visión.
Ella llegó a Arkansas hace 35 años, dijo, cuando tenía 23 años de edad. Había abandonado la casa cuando era una adolescente “de 13 años”, dijo, y vivían en Dallas. Ella se fugó en bus a Tampa, Florida, con el dinero de su primer cheque de pago y casi inmediatamente lo extravió. Una familia desconocida le dio posada, dijo.
Moroles dijo que aprendió la curación natural en Estados Unidos, México y Perú. Dijo que fue a una ceremonia de limpia a Canadá con un indígena estadounidense en un camión viejo que arrancaba únicamente empujándolo cuesta abajo.
En Arkansas también fue voluntaria en la Organización de Mujeres Hispanas de Arkansas cuando la organización estaba recién creada.
Pero, ¿por qué decidió venirse a vivir en la cima de una montaña del Noroeste de Arkansas, cuando no había cultura hispana en la región?
Ella sonríe y dice “para que te cuente esa historia tienes que ofrendar tabaco”.
Del que se usa para las pipas de la paz.

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