Violación: sus efectos
Por Cathy Mendoza Nájera | SARPA
2 September 2010 en 3:26 pm
Lo que les contaré no será agradable. Son dos cartas de dos sobrevivientes del abuso sexual. Ellas dieron su consentimiento para publicarlas. Lo que quiero es desmentir con todas mis fuerzas el mito de que “la víctima disfruta la violación”.
Los nombres se omitieron por razones obvias.
“Estimado Juez”,
“Yo sé que usted tiene cientos de casos similares y supongo que puede estar cansado de escuchar las mismas historias una y otra vez. Pero por favor considere que para mí este caso es mi vida, es una herida que estará conmigo el resto de mi vida”.
“Yo se que la ley tiene muchas sub-leyes de las cuales el hombre que destruyó mi infancia puede sacar ventaja. Por eso me estoy dirigiendo a usted, para que tome en cuenta lo que este hombre me hizo”.
“Antes de que ese hombre llegara a formar parte de mi familia como mi padrastro, yo era una niña feliz. Desde que yo fui a la escuela, desde kínder, participé en todas las actividades: bailes, teatro, etc. Era feliz ayudando a los nuevos estudiantes a adaptarse al ambiente de la escuela”.
“Luego, cuando él llegó, cuando yo tenía nueve años, casi inmediatamente mi vida se convirtió en una pesadilla. La niña sonriente, sociable y alegre se convirtió en una niña temerosa y desconfiada. Hoy, siendo una adulta, cuando veo las fotografías de una época y otra, puedo comprobar el cambio tan radical que hubo en mi personalidad”.
“Cuando tenía trece años pensé en quitarme la vida y creía que poniéndome una almohada en la cara me iba a asfixiar y así ya no ser víctima de ese hombre. No fue así, mi calvario duró hasta que yo cumplí quince. Los días que él se quedaba en casa a causa de la lluvia eran para mí días de terror”.
“Hasta hoy retardo la hora de ir a la cama pues de noche se agrandan mis recuerdos. Si me duermo las pesadillas son con escenas de mi abuso y no me dejan tener un descanso verdadero. En la mañana me despierto de mal humor, pensando lo injusta que es la vida. No me gusta la obscuridad. Temo estar sola. Siempre me estoy preguntando ¿Por qué a mí? ¿Por qué yo?”
“Una de mis mayores angustias es pensar si seré capaz de tener una relación. No sé si voy a saber lo que es el amor verdadero. El concepto de AMAR no lo tengo muy claro. Aun cuando yo estoy segura de que yo no fui culpable, la sensación de suciedad está conmigo. Quisiera tallarme todo mi cuerpo para quitar el recuerdo de sus manos y su boca. Todo esto me llena de asco”.
“Recuerdo en una ocasión que le pregunté a mi asesora por qué, con el tiempo, estaba creciendo mi resentimiento hacia él. Ella me explicó que era porque cuando vamos haciéndonos adultas nos damos cuenta de la magnitud del daño que nos hicieron. Los abusadores destruyeron lo más valioso de un niño. Esos criminales sexuales destruyeron nuestra inocencia. Cuando vemos a una niña de nueve años nos damos cuenta de que realmente éramos MUY pequeñas”.
“Por todo esto, señor Juez, le pido que le dé la condena más alta que pueda usted darle. Mi vida es muy valiosa, mi persona también. Él me hizo pensar que vale poco, pero no. Mi vida es muy valiosa y quiero estar segura que otras personas también me consideren valiosa. Debe haber un castigo ejemplar que envíe un mensaje a todos los malhechores, abusadores de niños. Toda la comunidad debemos unirnos a defender el tesoro y futuro de cualquier país, LOS NIÑOS”.
El otro testimonio será aun más crudo, pero es necesario.
“Fui víctima de una violación sexual con extrema saña y debido a eso mi vida ha cambiado radicalmente.Toda mi vida fui una mujer segura de mí, muy sociable y alegre. Me gusta la música, cantar y bailar. Ahora ya no soy nada de eso. La gente me da miedo, mucho más los hombres. Ya no confío en ninguno de ellos. Mi garganta quedó lastimada creo que para siempre pues mi atacante trató de ahorcarme y me quitó una de las cosas que yo más he disfrutado y amado en mi vida: la habilidad de cantar”.
“La seguridad con la que yo acostumbraba salir a hacer mis compras o de visita ha desaparecido. En el lugar donde trabajo es aun peor pues mi trabajo es de limpieza en un hotel, limpiando los cuartos. Las camas que arreglo son un objeto de temor pues siempre estoy angustiada pensando que alguien entre y me viole otra vez. La violación que sufrí fue tan grave que estoy viva de milagro. Mi temor es no sólo a un abuso sexual, sino a perder la vida”.
“Mi horario para dormir está completamente dañado. Por las noches tengo pesadillas tan reales que vuelvo a sentir sus manos en mi garganta. El temor de cerrar los ojos y ver, casi a diario, la cara de mi atacante encima de mí me ha creado un insomnio constante. Si logro dormir son tres o cuatro horas y el sueño no es reparador pues las pesadillas siempre están ahí. Las pesadillas son siempre relacionadas con el crimen que sufrí y despierto más cansada de cómo me acosté. El acoso y sus amenazas de matarme si no accedía a continuar con él, su violación, sus golpes, todo, está en mis sueños”.
“Me veo gritando cuando descubro mi camisón vomitado, lleno de sangre y de excremento. Veo a mi atacante golpeándome, persiguiéndome, rompiéndome la ropa, burlándose de mí, diciéndome que voy a disfrutar lo que él me haga y, por supuesto, violándome. Con la sirena de la ambulancia despierto aterrorizada, pensando que vienen por mí y, aun despierta, me veo en el hospital volviendo a sufrir todo lo que me hicieron. Hay días que amanezco sin voz, yo pienso que es por lo mucho que grité durante el sueño”.
“Se me han desarrollado ‘tics’ que yo no tenía, como estarme pellizcando mis manos, mis dedos o mis pies. Encima de mi oreja izquierda se me forma una bola o una vena, que hace que me duela hasta el ojo. Cuando me pongo los lentes esa bola se inflama y los lentes empiezan a temblar molestándome tanto que tengo que quitármelos. Hubo días que no pude ir a trabajar. Mi estado de ánimo no me dejaba levantarme ni bañarme”.
“Los efectos de la violación no sólo se han manifestado en mi sueño sino de diferente manera. Mi proceso digestivo está funcionando mal. Tengo días que estoy con diarrea y días que vomito todo lo que como. Mis sobrinos y mis hijos tratan de ayudarme a salir de este estado y me invitan a bailar. Tampoco eso lo disfruto igual pues siempre me estoy cuidando quien se me acerca”.
“En conclusion, estoy viva pero no estoy viviendo”.