Todos los hermosos caballos
Por Jocelyne Pruna | jpruna@nwaonline.com
12 August 2010 en 1:05 am

Jocelyne Pruna/ La Prensa Libre. José Avilés es entrenador de animales en el Noroeste de Arkansas. Heredó su oficio de su padre, quien a su vez lo heredó de su abuelo.
Camina con elegancia, es de piel clara, tiene el cabello largo castaño y una mirada inolvidable. Es Abrasadora, una yegua andaluza de 10 años. Su entrenador es José Avilés.
Avilés, mexicano de 52 años, desafía el calor entrenando caballos. Les tiene amor y paciencia.
Para él es una profesión de tres generaciones. Cuando Avilés era un niño de seis años su padre le enseñó el oficio que, cuando era joven, él había aprendido de su padre .
Roma Lisa Gray, la dueña de Abrasadora o Abby, como la llama, comienza el entrenamiento dándole órdenes. La yegua obedece la mayoría de las veces.
Después entra Avilés para arreglar los errores.
El mexicano tiene una cicatriz en la cabeza, producto de la coz que le propinó un caballo cuando él era niño.
“Estaba trabajando con riendas largas y me hizo una alcancía”, dijo.
Hay más accidentes.
“Me quebró la mano un toro, me han dislocado los pies…”, dijo Avilés.
Él dijo que hay caballos que son “mañosos” y por eso la gente los quiere entrenar. Algunos muerden y otros patean, dijo.
“Hasta ahorita tengo la suerte que todos los caballos que he entrenado son inteligentes y aprenden todo”, dijo.
La enseñanza comienza primero por la confianza. “Darles confianza y tenerles confianza”, dijo.
“De poder acariciarlos, levantarles las patas, limpiarlos, entenderlos”, dijo.
“Lo principal que enseño es la rienda para dirigirlos para que vayan de prisa, sensibles en las piernas. Porque tú en las piernas tienes el pedal del gas y la rienda es el freno y el volante”, dijo.
Avilés dijo que si pones presión al caballo camina mas rápido o trota o corre.
Él les enseña a hincarse, acostarse, sentarse, caminar de costado y en reversa.
Avilés dijo que hubo un tiempo que no trabajó con caballos.
“Mi papá me esforzó a aprender y duré un tiempo sin montar, como unos cuatro años, pero después llegué a California y comencé a trabajar otra vez con ellos”, dijo.
“Le agarré el gusto otra vez… con más pasión y vi que los caballos respondían mejor con un poquito más de paciencia”, dijo.
Abrasadora acaba de parir una yegua que ya tiene tres meses. La hija de Abby es café y, según Avilés, usualmente los caballos andaluces cambian de color, por lo que cabe la posibilidad que cuando crezca sea blanca como su madre.
Él puede entrenar los caballos en la propiedad del dueño o puede llevárselos a su casa para entrenarlos por varios meses. Ha entrenado zebras, gallos, mulas, entre otros animales.
“Ahora estoy lidiando con un camello”, dijo. Acaba de comenzar a entrenar un zonkey que es el hijo de una zebra y un burro. Se llama Zonkeyjote de la Mancha.
