La Prensa Libre

Mi día como corredor…

Mi día como corredor…
julio 01
12:48 2010

José López Ceballos/ La Prensa Libre Michael Brown corre su propio auto, el mismo que él utilza cada día.


 
Aparentemente sería otro domingo normal para mí, pero desde el momento en que tengo que despertar a las 5:40 a.m. para estar listo a mi cita con Michael Brown, corredor de autos residente en Springdale, empezaba la diferencia.

Juntos viajaríamos a Neosho, Missouri, a una competencia regional del Sports Car Club of America (SCCA) que se correría en un espacio de 325,000 pies cuadrados de concreto dentro de los terrenos de la Escuela de Manejo de Camiones del Colegio Crowder. Eso equivalía a librar unos conos, que son las señales por donde se debe conducir sin ser tocados o golpeados y en carrera contra del reloj.

Pero todo esto yo no lo sabía. A Brown lo conocí ese día. En su perfecto español me explicaba cómo iba a estar nuestra competencia. Nos fuimos en su carro y yo me preguntaba dónde estaba el carro de carreras. Mi sorpresa fue cuando me dijo que competiría con el que iba manejando. Después me explica que todo carro normal está preparado para competir en este tipo de competencia, te mantiene los costos bajos y lo único que haría antes de la carrera era ajustar la presión del aire en las llantas para asegurar que el carro pueda mantener la velocidad y agarre en las curvas. La idea principal de esto es conocer bien tu vehículo e ir mejorando tu manera de manejar, dijo.


Michael ha ganado el campeonato divisional y dos campeonatos regionales dentro de su clase en un carro de sólo 75 caballos de fuerza. Él me iba introduciendo a un mundo totalmente nuevo para mí, me explicaba que la cosa cambió cuando llegó a nivel nacional, porque todos van preparados en carros modificados según los lineamientos de la SCCA.

En esos momentos yo no entendía como 60 competidores de más de cinco diferentes estados se concentraban en Neosho para competir en un circuito tan básico donde puedes intentar de cuatro a seis vueltas de un promedio de 40 segundos por vuelta y donde se selecciona el mejor tiempo.

Todo cambió al momento de llegar al circuito. Pude observar carros BMW, Porsche, Camaro, Mustang, y otros más conservadores como el carro Hyundai Elantra de Brown, quien, como todos, se preparaban con mucha concentración y seriedad revisando sus llantas, los accesorios, especialmente los de protección.

Cuando arrancó el primer vehículo pude sentir que, a pesar de los básico, fácil y divertido que, según Brown, era este tipo de competencia, los coches arrancaban a todo lo que daba la potencia de las máquinas, empezaban a serpentear los obstáculos, se oía el derrapar de llantas y la emoción de estar corriendo.

Con mucha atención sigo todo el ceremonial que efectúa Brown antes de empezar a correr: baja todo el peso excedente del carro, limpia su cajuela y la deja vacía, verifica una vez más la presión de sus llantas y que el filtro de aire este bien ajustado, se coloca el casco y empieza en su mente hacer el recorrido que previamente lo había verificado dos veces a pie para reconocer cualquier fisura en el terreno.

Arranca la primera vuelta de seis vueltas que Brown deberá correr, lo sigo con mucha atención y creciendo a cada instante mi admiración de cómo se desenvuelve en el circuito aun con su carro de diario y de cómo se transforma de un hombre agradable, tranquilo, y analítico a una agresiva fiera del volante, llega sonriendo a la meta, su tiempo fue de 45 segundos. Yo le estuve tomando fotografía y grabando con mi cámara de video.

De pronto me veo en la tercera vuelta en el asiento del pasajero como co-piloto con mi casco y debidamente ajustado a mi cinturón de seguridad a invitación de Brown, y todo cambió al momento de arrancar, sentí que la sangre me inundaba el estómago, éste se retorcía en cada curva y frenazos, apenas si pude mantener mi cabeza erguida, mi visión apenas podía registrar la velocidad y maniobras por las cuales iba ejecutando Brown al volante con gran maestría. En un suspiro terminó el delicioso tormento en 44 segundos, en ese mismo instante comprendí porque los competidores viajan más de tres horas para un placer de 40 segundos.

Fue tanta mi emoción y nerviosismo que olvide encender mi cámara. Volví a repetir la experiencia y creo que voy a participar la próxima vez, pero esta vez conduciendo, porque esto es muy, muy adictivo.

Y así terminó mi día con ésta experiencia con el autocross gracias a la invitación de Michael Brown, donde aprendí que puedes probar tus habilidades para manejar en un circuito marcado por conos rojos, compites sólo y en contra del reloj, no debes de golpear ningún cono, es de bajo costo, usas tu carro regular, es de bajo riesgo, corres de 25 a 65 millas por hora, pero más que velocidad, te enfocas en la intensidad, precisión, y experiencia al volante. Es necesario seguir las reglas de la SCCA, si eres miembro el costo es $20 y $35.00 si no lo eres.

Si quieres sacarle la máxima potencia a tu carro y en vez de andar arriesgándote en las calles, la información está en www.omrscca.org

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