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El Azote de la Parálisis Cerebral

Por Ana Cecilia Vásquez Zawadzky | La Prensa Libre

Ana Cecilia Vásqeuz Zawadzky/ La Prensa Libre Amanda Castro, centro, es víctima de la paralisis cerebral. La acompañan su hermano Bryan Solís, izquierda, y su madre Ana Peraza.

El embarazo fue normal para Ana Peraza, nacida en Masahuat, El Salvador. El doctor nunca le dijo que su recién nacida, Amanda, tenía problemas.

Ella se empezó a dar cuenta cuando la niña tenía siete meses porque no se sentaba y no empujaba la andadera.

“En la unidad de salud [en El Salvador] al chequear a la niña me insinuaron que algo andaba mal, que necesitaba terapias, pero yo no lo creía necesario pues la veía bien. La llevé a [la ciudad de] Santa Ana a una clínica de terapia donde la evaluaron y no le diagnosticaron nada. Amanda lloraba cada noche sin parar por año y medio, nos teníamos que turnar con mi mamá y hermanas para lograr dormir un poco, los doctores nunca hicieron nada”, dijo Peraza.

A los cuatro años la niña no caminaba ni comía sola, no podía controlar sus necesidades fisiológicas, por la que solicitó una visa médica y se la dieron hasta la tercera oportunidad. Apoyada por su hermano Ernesto en 2004 llegó a una cita con una pediatra en Springdale, quien a su vez hizo contacto con la Dra. Vicky Stefan del Children’s Hospital en Little Rock.

Stefan inmediatamente mandó a sacar radiografías, exámenes, encefalogramas, pero como la visa era por una semana tuvo que regresar a El Salvador. Estando allá fue directamente al consulado estadounidense y se la dieron por un año para lograr un tratamiento.

Después de hacer una revisión completa, encontraron que el cerebro de Amanda tenía una herida. El diagnóstico fue Parálisis Cerebral Espástica, la forma clínica más frecuente.

LA MATERIA GRIS
Durante el embarazo se pueden presentar daños en el niño que se está formando en el vientre de la madre (prenatal). O pueden haber daños al momento de nacer (perinatales) o después del parto (posnatales). Los daños en el cerebro afectan los movimientos, lo psíquico, conductual, auditivo, óptico, o del lenguaje.

Uno de los daños puede ser la parálisis cerebral, según el Centro Caren de Rehabilitación.

Las causas prenatales pueden ser daños en el cordón umbilical, hemorragia prenatal, infecciones como toxoplasmosis y rubéola, incompatibilidad de la madre con el feto, radiaciones, ingestión de drogas o tóxicos durante el embarazo, desnutrición materna que ocasiona anemia, amenaza de aborto, tomar medicamentos contraindicados por el médico, y madre demasiado joven.

Las causas perinatales aparecen entre la semana 28 del embarazo y la primera semana después del parto. Son las más conocidas y afectan al 90% de los casos. Entre las causas están parto prematuro, bajo peso del bebé, falta de oxígeno, golpes durante el parto, mal uso del fórceps, desprendimiento de la placenta, parto prolongado o difícil, líquidos en las vías respiratorias, entre otros.

Entre las causas posnatales están golpes en la cabeza, infecciones, intoxicación, epilepsia, y fiebres altas con convulsiones.
La rehabilitación depende de la magnitud del daño cerebral, la edad del niño, entre otros factores.

Peraza decidió quedarse, considerando las pocas posibilidades de rehabilitación en su ciudad. Una enfermera hizo contactos con el Arkansas Department of Human Services pero por los altos costos sólo consiguió dos semanas de terapias, que permitieron que Amanda aprendiera a comer regularmente, en especial de la mano de su madre.

Hace dos años, cuando comía, dejó de masticar y empezó a ahogarse. El pediatra la envió de inmediato al Washington Regional Hospital, pero como estaba ahogándose le llevaron de emergencia a Little Rock en helicóptero donde la entubaron y le dieron medicinas por dos meses, quedando las cuerdas bucales cerradas. Tuvieron que ponerla en cuidados intensivos por la fiebre alta y por no poder respirar. Al final le harían una traqueotomía, y de eso ya han pasado dos años, debiendo regresar cada seis meses.

Actualmente Amanda puede respirar por la nariz, algo inusual luego de esa experiencia, pero va a perder el gusto por lo que come o bebe, no tiene muchas defensas y vive con flemas permanentes que deben ser extraídas constantemente para que no se ahogue.

“Preferimos que se quede así, me da mucho miedo con su tráquea, ella no puede llorar, ni hace ruidos, sólo le salen lágrimas, y ríe cuando está feliz”, dijo Peraza.

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